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Qué es el bótox

Hoy os traemos desde estética en casa este artículo, cuanto menos curiosos, acerca del bótox y de su historia.

que es el botox

Cuál es su historia

El bótox, o toxina botulínica, es una de las sustancias que más controversia y más opiniones ha creado en los últimos tiempos.

Muchas personas concretan citas con su centro médico estético para asegurarse de que el tratamiento va a funcionar, mientras que otras personas se prometen que nunca lo tocarán.

El bótox se hizo popular, en sus mejores épocas, allá por los años 90, los especialistas en cosmética proclamaban a los cuatro vientos que el bótox era lo mejor del momento.

En cambio, en su época inicial se señalaba que era una sustancia venenosa e incomprendida que provocaba la muerte.

Como vemos, este tratamiento ha ido sufriendo altibajos a lo largo de su camino.

La historia del bótox es larga y tortuosa, sus usos son mucho más variados de lo que muchas personas pueden suponer.

La primera vez que se escuchó hablar sobre la toxina botulínica sus propiedades cosméticas eran absolutamente desconocidas, de hecho, su uso original era de todo menos para la belleza.

Primeras investigaciones

En 1820, tras la muerte de numerosos alemanes (al principio se creía que era por la ingesta de morcillas mal preparadas), un científico llamado Justinus Kerner, decidió seguir investigando las causas de esas muertes.

Durante su investigación, descubrió que el envenenamiento alimenticio y los síntomas neurológicos posteriores se debieron al consumo de alimentos enlatados de forma inapropiada.

Incluso llegó a inyectarse toxina botulínica para buscar y desarrollar posibles tratamientos. Los estudios de Kerner llevaron a la primera definición del botulismo.

Primeros usos prácticos

En la década de 1950, el Dr. Vernos Brooks descubrió que la inyección de una pequeña cantidad de toxina botulínica podía relajar un músculo de manera temporal.

Otro científico llamado Dr. Alan Scott empezó a experimentar en monos y descubrió que la toxina botulínica tenía la capacidad de descruzar los ojos cruzados.

Aquel fue el primer paso hacia el amplio uso que actualmente se hace de la toxina botulínica para tratar desórdenes musculares.

Sin embargo, también observó que dejaba a las personas con los ojos abiertos y que reducía visiblemente las arrugas.

El bótox para uso cosmético

Cuando se descubrió por primera vez que los cirujanos plásticos podían inyectar bótox para eliminar las arrugas de la frente y las líneas de expresión, se produjo tal demanda que los suministros se agotaron rápidamente.

En 1997, el abastecimiento en Manhattan volvió a situarse al mismo ritmo que la demanda, en New York Times publicó un artículo titulado “Terminó la sequía. El bótox ha vuelto”.

Aquel fue el inicio de una nueva era, en la que todo el mundo tenía su propia opinión acerca del bótox, independientemente de si lo habían probado o no.

Al principio, la mayoría de la gente no se decidía a probarlo, pero la publicidad hizo muy bien su trabajo y cada vez que salía una mujer con un rostro más suave y redondeado que en su anterior aparición, el bótox era el gran artífice de eso.

Hoy en día las cosas han cambiado considerablemente, son tantas las veces que vemos en las redes sociales a personas que publican sus tratamientos con el bótox, que se ha convertido en algo habitual.

Qué es exactamente el bótox

La toxina botulínica, más conocida como bótox (marca del primer medicamento de este tipo que se comercializó), es en realidad una toxina que produce botulismo.

Sin embargo, es aprovechada su capacidad de producir parálisis muscular para utilizarla con fines médicos en el tratamiento de ciertas enfermedades neurológicas.

Aplicaciones médicas

La toxina botulínica o bótox tiene otras aplicaciones en medicina, en la actualidad se está utilizando para el estrabismo, las distonías, el control del blefaroespasmo (la contracción intermitente e involuntaria de la musculatura del ojo).

También el tratamiento de la hiperhidrosis (en personas con una sudoración excesiva en las axilas, manos y pies, se logra disminuir la actividad de la glándula sudorípara).

Las algias vertebrales y la migraña.

Finalmente está ofreciendo buenos resultados en personas parapléjicas con problemas de incontinencia urinaria.

Ventajas del bótox

En lo que se refiere a la eliminación de las arrugas faciales, el bótox ofrece claras ventajas: evita la cirugía, se puede aplicar en cualquier época del año, es una técnica prácticamente indolora.

También sus efectos son inmediatos y se prolongan entre cinco y seis meses.

Apenas tiene contraindicaciones y rara vez produce efectos adversos, como reacciones alérgicas, rigidez facial o náuseas.

Cómo es la técnica

La técnica consiste en la infiltración mediante una aguja extrafina de la toxina botulínica en el músculo de la zona que se quiere tratar, produciendo su relajación e inhibiendo el movimiento del mismo.

De ahí que su aplicación fundamental en el mundo de la estética sea el tratamiento de las arrugas de expresión, aquéllas que aparecen en el entrecejo, la frente, la comisura de los labios o el contorno de los ojos.

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Cuáles son los efectos secundarios del bótox

Hay que tener en cuenta algunos posibles efectos secundarios que nos puede causar un tratamiento con bótox, por ello es importante que se pongan en manos de médicos especialistas.

Uno de los efectos secundarios que se puede evitar es una posible reacción alérgica a la toxina botulínica.

Esto nos provocaría una inflamación en la zona de la cara y la garganta, dificultad respiratoria, urticaria…

La mayoría de los efectos secundarios responden a una errónea aplicación de la toxina botulínica: acudir a un médico especialista te puede evitar muchos problemas.

Lo más frecuente es que se produzca la caída del párpado o del músculo facial en el que se haya trabajado.

Si no se tiene en cuenta la expresión facial natural del paciente se puede llegar a tener cambios muy notables en el caso de que se aplique el bótox de manera errónea.

Lo que se está haciendo es paralizar el músculo, pudiendo crear una expresión totalmente distinta a la habitual.

Otros problemas son la imposibilidad de cerrar el ojo por completo, un lagrimeo constante, el síndrome del ojo seco e incluso daños en la córnea y debilitamiento de los músculos faciales.